martes, 18 de diciembre de 2012

Joaquin Gallegos Lara

              +Joaquín Gallegos Lara+
  Joaquín Gallegos Lara (Guayaquil, 1911–1947) fue un novelista y ensayista ecuatoriano. Nació en Guayaquil, en medio de una familia pobre, donde se formó como intelectual de manera autodidacta. Fue militante del Partido Comunista del Ecuador (PCE) hasta su muerte. Escribió apenas un puñado de cuentos que se publicaron en la colección "Los que se van" junto con Enrique Gil Gilbert y Demetrio Aguilera Malta. Después de su muerte se añadieron unos pocos cuentos más que no habían sido publicados, entre ellos destaca "La última erranza" que narra la historia del ajusticiamiento absurdo de un judío en las montañas de Los Andes a manos de un grupo de católicos supersticiosos. En 1946 publicó la novela Las cruces sobre el agua. Esta novela es un retrato de la ciudad de Guayaquil a comienzos del siglo XX; el crecimiento y la evolución de los personajes principales llegará a ponerlos en medio de la matanza de obreros ocurrida el 15 de noviembre de 1922 y que según varias fuentes es, proporcionalmente la mayor matanza de obreros en el mundo. Escribió también parcialmente otras dos novelas que han permanecido inéditas: Los guandos y La bruja hasta 1982 en que Nela Martinez quien fuera compañera del autor, completó y publicó la novela "Los Guandos" que fue publicada por la Editorial El Conejo en Ecuador. "La bruja" sigue esperando ser publicada.Tenía las piernas atrofiadas hasta el extremo de no poder caminar, y sin embargo luchó como militante comunista e intelectual, llegando incluso al extremo de participar en choques callejeros y barricadas, con la ayuda de un mulato amigo que le prestaba sus hombros y le servía de piernas. 
Se dio a conocer en 1930 con el volumen de cuentos Los que se van, junto a Demetrio Aguilera Malta y Enrique Gil Gilbert. Formó parte del "Grupo de Guayaquil",que incluyó, además de los tres autores nombrados a Alfredo Pareja Diezcanseco y a José de la Cuadra, dentro del realismo social ecuatoriano, que es hasta hoy el movimiento literario más importante que ha tenido el Ecuador. Gallegos Lara mantuvo una activa participación política en las filas de la izquierda. Junto con sus compañeros, Gallegos Lara tranformó la narrativa ecuatoriana y proyectó la literatura del Ecuador al mundo por medio de estampas tremendas de violencia verbal y física; además fue característica la reproducción fonética del habla montuvia. Los cuentos de Gallegos Lara combinan trágicamente una violencia inocente y premoderna con la fatalidad de una especie humana que se busca a tientas. De entre sus cuentos cabe destavar: "El guaraguao" y "Era la mama".

     +cruces sobre el agua+
  
Joaquín Gallegos Lara
Las Cruces sobre el agua, nueva y definitiva historia
El 15 de noviembre de 1922 es un suceso que parte al Ecuador entre lo que hasta entonces fue y lo que desde ese día comenzó a ser. Por ello la polémica se mantiene entre quienes no creen que ocurriera y quienes saben hasta qué punto es cierto; entre quienes intentan minimizar la importancia del suceso para la historia nacional y quienes hablan de aquella fecha como la del bautismo de sangre de la clase obrera ecuatoriana.

 
El 15 de noviembre de 1922 es, por eso, realidad y leyenda.
Real porque sucedió. Las crónicas de los periódicos de la época, los estudios y los testimonios posteriores y las referencias históricas así lo confirman. Diferencias de matices existen en cuanto a la magnitud del movimiento obrero y popular y en cuanto al alcance de la represión gubernamental, las protestas contra éste y al malestar que le siguió. La inmensa mayoría de los historiadores nacionales coincide, sin embargo, en señalar una nítida y precisa división entre el Ecuador anterior a aquel 15 de noviembre, sin organización obrera ni expresión reivindicativa popular, y el Ecuador donde ya comienza a forjarse el movimiento sindical, obrero y campesino, cuyas luchas, frustraciones y conquistas corresponderá juzgar sólo cuando llegue el tiempo.

 
Leyenda porque traduce algo que es una constante histórica y social del país, una constante que a lo largo del siglo para los ecuatorianos ha sido y es sueño o pesadilla, pasión o indiferencia, pasado de gloria o imposible futuro, verdad de muerte o ficción importada.
En el 1900 el puerto marítimo de Guayaquil concentraba la mayor riqueza del país gracias al auge cacaotero mundial, uno de cuyos principales protagonistas como exportador en el Ecuador.

A Guayaquil se le llamaba la "Perla del Pacifico" y reunía una diversidad insólita de inmigrantes nacionales y extranjeros, que llegaron al puerto atraídos por el fascinante aroma del cacao el extraordinario progreso que, se decía, estaba trayendo la venta del producto en los grandes países capitalistas.

 
Los terratenientes cacaoteros y sus familias vivían en París. A la sombra de sus posesiones floreció en Guayaquil una burguesía comercial y financiera, que se entretenía en esperar anhelante al inmigrante español o italiano, vestir de seda y plumas, comprar pianos y ser espectadores de las modas artísticas importadas de Europa. Entre tanto, los inmigrantes ecuatorianos, aquellos montuvios e indios de costa y sierra, que llegaron a Guayaquil persiguiendo el mismo olor del cacao y se convirtieron en cargadores, estibadores, escogedores y secadores del grano, levantaron sus casuchas junto a las de los obreros de las primeras fábricas y las de los artesanos. Las diferencias sociales que se establecieron de principio abrieron una brecha enorme entre quienes lo tenían todo y quienes todo lo soñaban.
 
De pronto, las plagas diezmaron las grandes plantaciones de cacao. En el mercado internacional cayó bruscamente el precio del producto. El gobierno defendió a los exportadores y a los banqueros, mediante sucesivas devaluaciones del sucre que afectaron gravemente a la clase media y, en especial, a los más pobres. Salario y trabajo se volvieron inciertos e insuficientes; los pocos que trabajaban cada día se sentían mal pagados o robados; las epidemias se cebaron en quienes carecían de los más elementales servicios y recursos.
Para 1921 la crisis se desbordaba. El cacao se acabó. La gente que antes se salvó de la peste moría ahora de hambre en las calles.

 
Apenas veinte años después de la revolución liberal de 1895 (Eloy Alfaro, Plaza Gutiérrez, Lisardo García), el pueblo sintió que aquel liberalismo triunfante lo había traicionado. Los nuevos gobiernos conservadores no comprendieron, ni calcularon ni canalizaron el descontento popular. En 1922 el incipiente movimiento de los trabajadores se lanzó a una huelga -políticamente débil pro históricamente aleccionadora- cuyo desenlace ocurrió ese 15 de noviembre. El gobierno y los sectores poderosos reprimieron la protesta con extrema dureza. centenares de huelguistas fueron muertos a balazos y sus cadáveres arrojados a la ría del Guayas. El pueblo dolido, con sus maneras tristes y dulces de expresarse, echó sobre esa tumba de agua, casi oceánica, cientos de coronas de flores y cruces de palo que durante días quedaron flotando. Los muertos no se vieron; las cruces sí

La ilustre pensadora ecuatoriana María Augusta Veintimilla sostiene que el 15 de noviembre de 1922 marca un hito en el resquebrajamiento de la ideología liberal oligárquica, en el inicio de la autonomía del pensamiento obrero y en la posibilidad de penetración en Ecuador de las ideas socialistas y comunistas, que desde Europa recorrían el mundo.


En cuanto a la novela "Las cruces sobre el agua", es el intelectual Adrián Carrasco quien la define con mayor acierto y hace de ella la valoración más ajustada: "Novela total y completa, que biografía a un pueblo; documento socio-político excepcional, que plantea nuevos conceptos de nacionalidad, cultura el historia ecuatoriana. Novela y documento que toma al pueblo como verdadero protagonista; que propone una visión alternativa a la ambivalencia realidad/ficción que sostiene la cultura oficial; que rescata y pondera el idioma popular, el hablar de la gente, en contraposición al español académico y normalizado, al que enriquece; que siembra en la memoria colectiva la figura de líderes políticos e intelectuales como Eloy Alfaro, Concha, Montalvo...; que critica, sin contemplaciones, la debilidad del propio pueblo en su organización y dirección; que expresa el primer rechazo social a la impunidad de la violencia del Estado


Joaquín Gallegos Lara nace en Guayaquil el año 1911.


Quienes lo conocieron dicen de Joaquín Gallegos Lara que padecía una grave malformación en las piernas, hasta el punto de verse obligado a caminar siempre apoyado en los hombros de sus parientes o amigos.


Tenía once años de edad cuando vivió, a su manera, los hechos que luego convertiría en su gran novela: "Las cruces sobre el agua".


Contaba diecinueve años cuando irrumpe en la literatura ecuatoriana con un libro de cuentos titulado "Los que se van", en el que participan también Demetrio Aguilera Malta y Enrique Gil Gilbert. Estos forman el núcleo de escritores llamado "grupo de Guayaquil" y posteriormente "Los cinco de Guayaquil", una vez sumados José de la Cuadra y Alfredo Pareja Diezcanseco. "Los que se van" causó revuelo, rechazo por parte de algunos e incertidumbre de muchos. Los autores y el libro fueron acusados de brutales y exagerados en sus relatos sobre la cotidianeidad de la gente del campo costeño. Hoy, sin embargo, reasentada la polvareda de su aparición, "Los que se van" es reconocida como una de las piezas más significativas de la narrativa ecuatoriana.


Gallegos Lara militó fervorosamente en el Partido Comunista Ecuatoriano y combatió activamente a políticos e intelectuales de clase media que, según decía, pretendían erigirse en la dirección revolucionaria del país: "En Ecuador no se leen libros ecuatorianos. Los artículos periodísticos no se pagan. Los profesionales reciben honorarios ridículos, fuera de tres burgueses de cartel. Los estudiantes carecen de libros. El que quiere ser artista muere de hambre o tiene que ser alcahuete de un gamonal para subsistir. Como resultado de las condiciones económicas de su vida, y salvo una minoría de honestos y pobres, los intelectuales de Ecuador tienen un temperamento prostituido".

 
 obra completa


 

  ARGUMENTO:



La novela describe el recorrido vital de dos guayaquileños: Alfredo Baldeón y Alonso Cortés. El primero es hijo de Juan y de Victoria. Vive en una casa paupérrima del barrio del astillero de Guayaquil. A corta edad se enrola en el ejército para luchar en Esmeraldas. Allí, además de aventuras militares, tiene sus primeras aventuras amorosas. Después de un año decide regresar a Guayaquil. En esa ciudad trabajará duramente tanto en un taller como en una panadería. Se enamora de Leonor, una chica que vende cigarrillos en la calle. Tras un corto viaje al Perú en compañía de su tío, decide regresar a Guayaquil, donde se casa con Leonor. Los malos tratos que sufre en su trabajo y las continuas rebajas de las pagas, hacen que renuncie a la panadería y decida instalarse por su cuenta. Se dedica a fabricar pan con un compañero que tiene un horno, y a venderlo en el centro de la ciudad. Alfredo, Leonor y su madre viven en una casucha junto al basurero municipal. Otro personaje principal es Alonso Cortés que pertenece a la clase media baja y es desde pequeño íntimo amigo de Alfredo Baldeón. Intelectual por inclinación, intenta continuar sus estudios en la escuela Vicente Rocafuerte, pero la difícil situación económica por la que atraviesa su familia se lo impide, y comienza a trabajar como tinterillo. Posee habilidades musicales. Se enamora de varias chicas, pero el amor de su vida es Violeta, la vecina de arriba de su casa.
En 1922 la situación social en Ecuador está a punto de estallar. Los sindicatos de obreros de Guayaquil deciden ir, uno tras otro, a la huelga. Alfredo encabeza la lucha de los panaderos. El 15 de noviembre salen a la calle a manifestar su protesta contra la carestía de alimentos, la subida del dólar y los sueldos de hambre. El gobierno decide reprimir las manifestaciones, y el ejército comienza a disparar sobre la multitud de obreros, mujeres y niños. En la refriega, tras combatir heroicamente, muere Alfredo Baldeón. Ese mismo día, su mujer, Leonor, muere al dar a luz a un niño muerto. Por otro lado, Alonso Cortés, que simpatizaba con las reivindicaciones de los obreros, no se lanza a la calle por los ruegos que le hace su familia, aunque al enterarse de la desaparición de Alfredo va inmediatamente a buscarlo. Una vez que se calma la situación, Alonso decide romper su noviazgo con Violeta, pues considera que esa joven carece de sensibilidad social. Tras un largo viaje en compañía de su madre, regresa a Guayaquil, ciudad que ve transformada por la riqueza que manifiestan los edificios del centro de la ciudad, y por el continuo agrandarse de los suburbios de obreros. Al ver unas cruces sobre el agua del río Guayas, pregunta qué significado tienen; un negro estibador le explica que se colocan allí todos los 15 de noviembre, en recuerdo de los muertos que los militares echaron al río después de la cruenta represión anti-obrera.

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AUTORIA:                                              Génesis Plúa Laínez
                                        





 

 

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